- Quiero arrancarte un gemido, ( Nota Mental: Para mi colección),
cuando vas a gritar ?
Ella dijo: - Es que el gemido me viene del alma, no de los espamos vaginales...
Y entonces que hago! , dijo el
Eso ni se pregunta, eso se intuye, eso va mas allá de un método, mas allá de un movimiento pelvico frenético.
- Que complicadas son ustedes, replico el
- Y que ciegos de intuición, son ustedes, Replico ella
( hubo un silencio espeluznante, y se quedaron largamente desnudos mirando el techo, esperando algo que ninguno sabia que cosa era, pero esperaban algo grande)
Ella le dijo: - El amor, o se ha ido o nunca estuvo, sin embargo forniquemos, mañana es domingo, y quizá sea bueno para tu insomnio y para mi ego femenino
- Perfecto, Dijo el....( Le dio vuelta como un trozo de carne a la plancha, y la penetro)
Ella lo miro como quien mira a un niño que aun no comprende algunas cosas, el la miro como quien no comprende tantas palabras poéticas e inservibles...
Llegaron los dos orgasmos con gran dificultad, no hubo gemidos....no hubo sudor, no hubo palabras....solo hubo movimientos físicos acelerados y rebeldes, (había que llegar a costa de lo que sea)
A la mañana siguiente de aquel domingo ella sabia que el nunca mas regresaría....sin embargo su corazón sabia que ella ya había dejado de ser una niña en busca de gritos de hembra, había logrado darse un lugar a ella misma...y así llegaría el hombre que no le pediría gemidos de perra , simplemente los escucharía en consecuencia porque le haría el amor, a su alma....
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sábado, octubre 13, 2012
domingo, agosto 19, 2012
De princesas y otros demonios...
Ella sabia que con el, el palpitar era una fiesta, el corazón se hacia melodía..., ella se volvía tan princesa que en vez de sudor, a ella le brotaban perlas....
Sin embargo, los pasos se oyeron hoy de forma distinta, eran los pasos lentos de un asesino acechante..., lo único que se podía oír era su jadeante respiración, la de ella, agitada, ya con el corazón acelerado pero no de amor, sino de miedo....
El era otro, había un silencio distinto, los pasos se detuvieron, quizá fue en el instante en que el puso pausa en su andar para arrepentirse por cinco segundos de romperle el corazón a ella a latigazos...los pasos se comenzaron a escuchar de nuevo, aquel pasillo se volvía eterno, cada paso era como un cronometro que iba en cuenta regresiva para llevarla a ella a un final terrorífico, una silla electrica emocional, una inyección letal con alto contenido de decepción en cantidades mortales, una horca que ahogaría al corazón mas enamorado, asfixiada ya de pánico, ella sabia que ese era su fin.
Los pasos continuaron por el largo pasillo, del otro lado el aceleraba el paso, de un portazo abrio la puerta de madera avejentada, no había nadie, la princesa se habia escapado, prefiriro abandonarle antes de experimentar la cruel sensación de ser abandonada, ella se lanzo al vacio y cayo en un rosal lleno de espinas, se sacudió el vaporoso vestido roto, se limpio las lagrimas y salio corriendo descalza para no regresar jamas, el llevaba un ramo de rosas rojas en la mano izquierda y un anillo de compromiso en la mano derecha, cayo de rodillas aquel hombre vacio y solo, en el corazón de aquel hombre podía leerse un letrero gigante
" Realmente yo te amaba"
Sin embargo, los pasos se oyeron hoy de forma distinta, eran los pasos lentos de un asesino acechante..., lo único que se podía oír era su jadeante respiración, la de ella, agitada, ya con el corazón acelerado pero no de amor, sino de miedo....
El era otro, había un silencio distinto, los pasos se detuvieron, quizá fue en el instante en que el puso pausa en su andar para arrepentirse por cinco segundos de romperle el corazón a ella a latigazos...los pasos se comenzaron a escuchar de nuevo, aquel pasillo se volvía eterno, cada paso era como un cronometro que iba en cuenta regresiva para llevarla a ella a un final terrorífico, una silla electrica emocional, una inyección letal con alto contenido de decepción en cantidades mortales, una horca que ahogaría al corazón mas enamorado, asfixiada ya de pánico, ella sabia que ese era su fin.
Los pasos continuaron por el largo pasillo, del otro lado el aceleraba el paso, de un portazo abrio la puerta de madera avejentada, no había nadie, la princesa se habia escapado, prefiriro abandonarle antes de experimentar la cruel sensación de ser abandonada, ella se lanzo al vacio y cayo en un rosal lleno de espinas, se sacudió el vaporoso vestido roto, se limpio las lagrimas y salio corriendo descalza para no regresar jamas, el llevaba un ramo de rosas rojas en la mano izquierda y un anillo de compromiso en la mano derecha, cayo de rodillas aquel hombre vacio y solo, en el corazón de aquel hombre podía leerse un letrero gigante
" Realmente yo te amaba"
domingo, junio 03, 2012
Carta
Y ella, en un domingo cualquiera, escribio a solas en un papel muerto y amarillento que yacía sobre la mesa, al cual le dio vida con estas palabras...
" Estas cosas sencillas que yo había olvidado....simples actos de vida, cotidianos que estaban en mi mente llenos de polvo, metidos en cajas etiquetadas....
" Cocinar"," Besar "," Dormir abrazados"," Definir si me quitas a cobija, o la compartimos los dos"
" Chistes" " Conversaciones sobre gustos o....sentimientos compartidos de desencajar un poco en la sociedad....y mucho mas, realmente había olvidado ese tipo de felicidad, ese " nosotros" que en mi cama no estaba....ese vacio helado, al que ya me habia acostumbrado, porque era mi forma de vida, se rompia como un vaso que cae en mil pedazos, para decirme, " Sigues Viva", el patrón de costumbre, la rutina solitaria, de pronto se lleno de ti, y luego, en pocos segundos se llenaba de dos seres que hacían una sola presencia, ya no eras tu, ni era yo, eramos ese nosotros que en mi mente yo guardaba como remota o nula posibilidad, entonces disfrute cada milisegundo de esa noche acalorada , de verte picando una hermosa y blanca cebolla, que de pronto se convertía casi en un acto de meditación urbana, la pequeña mesita de madera se convertía en una mesa con dos tenedores, fotografié en mi mente aquella imagen.....y otras tantas porque esos instantes son únicos y tan palpitantes como el beso que me diste en la frente, creo que nadie me había besado allí,....aquella noche de viernes, para mi era perfecta, era demasiado, y sentí miedo de haberme acostumbrado tanto a no ser feliz así, que ya mi paladar emocional estaba dudando de que fuese cierto, sin embargo era real.....disfrute aquel presente como nunca....sin pensar en el mañana, evitando pensar que no se repetiría o quizá habrían muchos momentos similares que me esperaban contigo, no quise enturbiar el instante, me mantuve en un eterno presente......acompasada con el ritmo del cuchillo picando cebolla, recordé aquel film demoledor, de " Como agua para chocolate", porque sentí, escuche, saboree, aquella receta hecha con las manos de aquel hombre sonriente que eras tu, que había estado en mis sueños cientos de veces, y que esa noche llena de grillos y música picaba cebollas para los dos, la vida esta hecha de aromas,texturas, sabores y formas, y la cocina nos recuerda cada segundo, que estamos vivos porque aun podemos disfrutar de todo aquel contacto con el mundo a través de los sentidos, la cocina de una casa es su corazón, y justo alli palpitamos los dos,......hoy es otro dia, y reconozco que no he dejado de pensar en ese viernes, queriendo nuevamente verte, sentirte, olfatearte, tu aroma lo tengo tatuado, desde hace ya mucho, ese aroma único y personal que nadie mas que tu, en este mundo , posee....no se que estarás haciendo, si me recuerdas o no, lo cierto es que han sido las cebollas mejor picadas de mi vida, los mejores besos, el mejor sabor, un momento único e irrepetible, porque sea como sea, cada instante muere para no revivir jamas.
PD: Espero que la próxima sea yo quien pique las cebollas! "
Y de pronto se dio cuenta que al terminar de escribir la carta ella ya tenia 90 años y el 87,...
Entonces un niño inquieto llego a las piernas de aquella mujer y pregunto:
Que haces abuela?
Escribo una carta a tu abuelo, Respondió
Para que ? dijo el niño
Para que recuerde que la vida es grande y sencilla y que en este papel sin fecha, ambos seguimos vivos.!
miércoles, abril 18, 2012
Laia bajo las sábanas
Empujé la puerta: un sucio espejo con pomo de cobre.
Dentro, bajo las exiguas luces, pude distinguir a cuatro o cinco chicas. Todas eran negras o quizá mulatas, y estaban acompañadas. Me hice hueco en la barra y le pedí una cerveza a la camarera, una rubia bajita. Cuando la rubia dejó el tubo de cerveza sobre el mostrador me sonrió. Tenía la boca podrida.
Observé el oscuro salón reflejado en el espejo de detrás de la barra, luego mi rostro como centro de aquel universo infame. Pasar un rato con una chica de ésas no era la solución. Además, mi economía estaba destrozada y necesitaba ese dinero. Miré la cerveza. Pensé en apurarla e irme, pero cuando levanté el vaso escuché como alguien pronunciaba mi nombre. Reconocí su voz. ¡Dios mío! ¡Laia! Me volví.
Me besó las mejillas, arrastró un taburete y se sentó frente a mí. Tras unos minutos de charla, se levantó y fue a hablar con alguien. Cuando regresó me dijo:
- Con lo que tienes nos dejan pasar media hora juntos.
Subimos a un cuartucho despreciable. Había un bidé y una cama ruinosa.
Hablamos. Al principio le supliqué para que volviera. Le dije que la dejaría ser puta si eso es lo que deseaba. Yo mismo haría las faenas de la casa, la compra, la comida. Pero ella me contestó que no, que ese no era el problema, que además estaba con un chico al que amaba.
- ¿Y él te quiere a ti? ¿Cómo es posible que te quiera y a la vez permita que estés metida en este antro?
Insistió en que se prostituía sólo de forma pasajera, para salir de un bache económico. Dijo que su chico se negaba enérgicamente, pero no me pareció creíble.
Consumida la media hora, cada cinco minutos, alguien golpeaba la puerta por detrás y no decía nada.
Cuando salí de allí, estuve dando vueltas con mi coche hasta que quedó libre un aparcamiento frente al local. Aparqué y esperé. Fumaba cigarrillos con la ventanilla abierta. Cada cierto tiempo encendía la radio y luego la apagaba.
Al cabo de unas horas salieron algunas negras y luego salió Laia. La acompañaba la otra chica blanca, la camarera. Al ver mi coche, se acercó a la ventanilla. Con rostro trágico me pidió que no la obligara a cambiar de trabajo. Le dije que quería pasar con ella el resto de la noche. A cambio prometí dejarla en paz.
Se alejó para despedirse de la camarera. Luego hizo una llamada desde su teléfono móvil. Subió a mi coche y dijo:
- Está bien. Pero a cambio no te quiero volver a ver por este sitio.
- Acepto.
donde yo vivía.
Yo subía detrás y observaba su trasero, cada vez más delgado. Vestía una falda roja, mínima. Pese a ello, seguía pareciéndome distinguida.
Ya en la habitación pudo comprobar que todo seguía en su sitio, como si se hubiera marchado ayer. Pero había ceniceros llenos de colillas por todas partes. Guardó en el bolso una foto de su madre que seguía sobre la cómoda.
Antes de quedarse dormida me dijo que a las diez la despertara. Yo no dormí, sólo me dediqué a escuchar su respiración.
Cuando el sol comenzó a colarse por los agujeros de la persiana rota, tapé el marco de la ventana con una manta gruesa y marrón, haciendo el menor ruido posible al sujetarla con clavos a la pared.
A las diez estuve a punto de despertarla pero lo hice a las doce. Antes, en un bar del barrio, había encargado el desayuno. Lo subí en una bandeja. Zumo de naranja, bocadillo de jamón serrano, café con leche y ensaimada. Dejé la bandeja sobre la mesilla. Cuando me preguntó por la hora, le dije que eran las doce.
- ¡Estás loco! ¡Tenías que despertarme a las diez! ¡Tony estará desesperado!
Se levantó sacudiendo la cabeza y fue hacia la silla donde se encontraban todas sus pertenencias. Buscó en el bolso su teléfono móvil y se enfadó más porque yo se lo había apagado. Argumenté que lo había hecho por ella, para que nada violentara su sueño.
- Ahora ven, siéntate, cómete el desayuno y te llevo después a tu casa.
- ¡Tú no me llevas a ninguna parte, tarado! Me tomaré el desayuno, eso sí; pero me voy al metro. Y júrame por dios que nunca más aparecerás por mi trabajo.
Yo asentí mientras doblaba la almohada en la cabecera.
- Siéntate y apoya la espalda. Y come. Te voy a calentar el café.
Cuando volví Laia acababa su bocadillo. Le eché los azucarillos al café con leche y puse la taza sobre la bandeja.
- Muy caliente, como a ti te gusta – le dije.
La observé mientras lo bebía, a pequeños sorbos. Su ánimo lentamente se iba apaciguando.
Cuado acabó retiré la bandeja a la cocina. De nuevo en la habitación, la besé. Laia sonrió complacida. Me confesó que hacía tiempo que nadie la trataba así y asintió con la cabeza para que me tumbara a su lado.
Al principio sentí reparos en tocarla. Luego acaricié su pelo, sus mejillas, todo su cuerpo. Apagué la luz y me dormí junto a ella.
Su piel era pálida como una almendra. No me cansé de contemplar sus ojos grandes, verdes, tristes, suavemente ojerosos. La admiré por las mañanas, por las tardes y por las noches durante cinco días. Le leí todos los poemas que había compuesto en su ausencia. También le dije todas las cosas hermosas que me gustaría haberle dicho. Le pedía perdón cada vez que utilizaba el dinero que trajo en el bolso para comprar comida; le decía que comprendiera, que utilizar mi tiempo ahora en conseguir dinero me quitaría horas de su presencia. En una de mis últimas salidas, sorprendí a unos de esos esquivos vecinos curioseando para saber qué estaba ocurriendo en mi piso.
Al final llegó el día porque la felicidad nunca es perpetua.
La claridad del sol me había despertado. Contemplé una vez más su cuerpo bajo las sábanas, su cara cada vez más pálida, sus lindos ojos siempre tristes y serenos. Salí del cuarto y cerré la puerta. Me asomé a la ventana del salón. Daba a un callejón donde sólo se veía la pared de otro edificio a cuatro metros, con pequeñas ventanas y alguna ropa tendida. Me quedé un rato observando a los gatos, grises como la pared. Debía tomar una decisión con respecto a Laia: el olor comenzaba a ser insoportable.
Relato ganador del IX Certamen de Relatos Cortos Letras del Sur de San Roque (Cádiz).
Candido Mojarro
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