lunes, junio 29, 2009

Mi perfil griego


Se me dio por actualizar mi perfil de Blogger, y la verdad es que desde hace tres años no había cambiado ni una sola coma, me detuve y entendí....la finalidad de la palabra " Intereses" cosas que me interesan, es obvio, hoy lo vi desde un punto de vista netamente practico, pero el día que lo establecí, hace tres años, yo no se en que carrizo estaba yo pensando...realmente muy "Barbie" y totalmente subjetivo....eso casi que era un poema...no es que piense que lo que escribí ese día..no me interesa...y es que si..si...me encanta...ejem: El Mar, Dormir, Reirme a Carcajadas, y cosas así..que sigo disfrutando...pero ya va, Flor!!!!!! por Diossssss, ubicate!!!! es un simple buscador..para que la gente afín..pueda encontrarte y compartir aficiones Reales.

A buena hora lo entendí...tres años después...
En todo caso escribiendo, me di cuenta cuanto he evolucionado, no quiere decir que ahora yo sea la mata de la profundidad y perfección...sino que he caminado...he entendido y he crecido, me falta muchisimo aun,..quien sabe en tres o cuatro años mas..que dirá mi perfil!!!....

Quizá algún día...coloque " Tejer" " Bordar".....y " mecerme".....falta mucho para eso....

En todo caso, mis intereses han cambiado tremendamente...me siento bien justo ahora.., mañana no se que me interesara...y realmente por ahora no me interesa saberlo.., no me quiero arruinar mi " hoy" pensando en que vendrá....

Me di cuenta de que soy como dice mi gran amigo Argentino...un Cocktail....que exótico..si...

No es que yo quiera mezclar...es que soy asi...hibrida?....homogeneizada con muchas sustancias ideológicas?

Ahhhh de paso se me ocurre hablar de Erotismo y ángeles y Osho, y Chopra...y meditacion...y ....psicologia...etc. etc...

y eso como porque no puedo mezclar el erotismo con mediación?

Wow...por eso me gustaba el maestro Benedetti....

por eso no me gusta el dulce, pero amo la nucita...

a veces suelo ser antagónica como Caracas....si, Caracas es una ciudad irónica...

Ya me dio sueño....Low Bat(me queda una rayita)

PD: Si, la de la foto Wharholizada soy yo ...


domingo, junio 28, 2009

La que murio virgen




En su hombro había un lunar que nadie conoció
Su cuerpo fue un planeta inexplorado
Su piel fue un paquete sin abrir.
No pudo entender el erotismo del poema
y la pornografía no fue mayor problema de moral
no conoció los besos de zaguán
ni los hoteles de ocasión.
En suma
la que murió virgen fue un equívoco de Freud
y vivió a medias.

Consuelo Tomas

El libro roto


Anoche volvi a soñar algo " especial".....estaba sentada en un sofá, y un caballero que según el sueño tenia una cara desconocida, pero en esencia era mi ex esposo, me arrancaba un libro de las manos, el libro era muy visual, casi parecía un blog impreso, de gran calidad, estaba yo placidamente leyendo o mejor dicho ojeando, cuando, el quiso mirar algo en el y tanto fue la violencia que rompió mi libro, la rotura era minina, pero recuerdo haberle dicho, que me respetara, que esperara a que yo lo terminase de mirar....

acto seguido viene otro caballero, de cara desconocida pero sentí que tenia un vinculo emocional conmigo....de igual manera, un tanto mas sutil, quiso mirar el libro, y quitarmelo...no recuerdo haber dicho nada...solo me aparte, para que me dejara en paz leer, al rato para completar el trio, llega mi madre, tratando de quitarme el libro también....que fastidio!!!!...si solo quería terminar de verlo y ya...cual era el fastidio de quitarmelo!!!

Yo digo en voz alta de lante de los tres, que me voy a " separar" no se de quien..pero lo dije...relacionado con el librito....

y una voz en off, me dice..." no te tienes que separar de" alguien", sino del " abuso".....y aparece un espejo frente a mi...en el que me vi muy linda, luego de esas palabras.....y mi madre dijo.....

" ves? hasta mas bonita te ves"

Entendí claramente que no debía separarme o huir de alguien en especial...sino del abuso de cualquier alguien, ni permitir faltas de respeto, o intromisiones en mi vida....y es que no es un alguien con nombre y apellido....pues el o ella, se convierte en un actor en la representacion teatral de la vida cotidiana.....

es la permisividad la que me mata....es esa excesiva pasividad, que nada tiene que ver con que yo responda a la violencia con violencia. sino hacer las pases conmigo misma y respetarme, para que otros no se sientan apetecidos a tratar de arrancarme e libro....

El libro quizá es mi vida?.....metaforicamente es lo que me encaja....

mas claro mensaje no pudieron darme....

como siempre agradecida de que en esos espacios extraños se dejen colar una que otra noche alguna moraleja de vida....


viernes, junio 26, 2009

Me gustan los ocasos...


He descubierto o mejor " Redescubierto" que no me gusta nada radical, me gustan los matices, me gusta la mezcla incierta, creativa y explosiva en ocasiones.

Me gustan los ocasos, porque ni es de noche ni es de día...y ese sol agonizante entre las nubes pinta el cielo muy bonito....sobre todo en mi ciudad que es la reina de los cielos hermosos....

No me gustan los que se aferran a ideas y pueden llegar a " sangrar"...pegados como sanguijuelas a ideas caducas,cuando alguien no esta de acuerdo con ellos, no me molesta la idea...pero me irrita la neurosis por tener la razón, absoluta. es mas la palabra absoluta, para mi es solo aplicable al vacío cuántico...., es que se me ocurre esa negritud del vacio...imagino, los átonos brincando...y esos breves espacios..., si...eso si me parece " absoluto", por lo demás..son " tendencias"...pinceladas..creo en la fugacidad de algunas ideas...porque a medida que transitas el mundo, tus enfoques cambian...entonces..no hay un punto fijo, solo hay movimiento...y me parece que en todo hay validez...o mejor dicho...fue valido. el tiempo que lo fue....punto....

creo que la vida es pendular...., que hay cosas que van y vienen...., ideas, vivencias...cuentas bancarias que suben y bajan....unos entran, otros salen...de nuestra vida....y esa actividad incansable es perfecta....pues eso es " vivir"

Creo que la gente nos acompaña un tramo de vida.., compañeros de camino...que en algún momento deben retirarse y punto....no creo en la eternidad de lo tangible....


Creo que cada cosa enriquece..." buena" " mala" " regular", por eso me gusta el Ying y el Yang. porque nada es absolutamente cierto....

por eso no creo en destinos prediseñados, fijos, como profecías....si así fuera, que aburrido.

Creo en la posibilidad de crear a cada paso...., creo en un sin fin de probabilidades, existentes al pie del camino...creo en el infinito poder que tenemos sobre elegir. desde que vamos a almorzar, hasta como vamos a morir....

Creo que la unión de dos puntos tiene millones de caminos a seguir.... y eso es lo mas divertido.

No creo en ideas inamovibles, ni en sistemas informáticos, que no puedan crecer o ser modulares u ofrecer maleabilidad....

No creo en nada que no sea capaz de moverse...y es que hasta las piedras estáticas algún día con las inclemencias del tiempo pueden sera arrastradas...o sepultadas....

No creo que para ser feliz haya que estar todo el día hablando de paz y sonriendo...creo que somos humanos que tocamos divinamente una sinfonía de emociones....hechas para disfrutarlas en el vaivén de los clarosuros emocionales...

Creo en establecer nuestras propias normas y ética...no aquella que nos incrustan sin que podamos preguntar " porque?", sin que las podamos digerir, sino que hay que tragarse entero.


y creo en la libertad que nos debemos y el respeto de saber que esas normas nuestras también pueden cambiar con el paso de los años y experiencias....

Me encantan los ocasos....el sol muere...se despide y regresa mañana, con la esperanza de verlo, negociar con la noche para que nos deje ver la luna.







domingo, junio 21, 2009

lunes, junio 15, 2009

Dolor y Sufrimiento


Hay diferencia entre dolor y sufrimiento?

El dolor es absolutamente necesario para sobrevivir. Si los niños no sintieran dolor se tirarían por la ventana, se quemarían, y nosotros nos mataríamos. La raza humana sin dolor se acabaría en un segundo.

¿Y el sufrimiento?

El sufrimiento es anormal… El ser elimina el sufrimiento, deja el dolor en el instante. Yo siento el dolor, cuando se acaba soy feliz de nuevo, o no soy feliz pero recupero mi tranquilidad. Sólo sufro en el momento en que sufro. Me duele en el momento en que duele…

¿Qué es por tanto el sufrimiento?

El sufrimiento es la multiplicación del dolor en el recuerdo, en la memoria. Por ejemplo, las madres cuando paren tienen un dolor atroz, y una vez que el dolor pasa, son felices. El dolor es como un parto. Es bueno en la medida en que expresa el sentimiento y se acaba en el presente. El sufrimiento de la humanidad es otra cosa, es mantener el dolor psíquicamente y no soltarlo. Eso es el sufrimiento.


Alejandro Jodorowsky


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domingo, junio 14, 2009

Nos hicieron creer


Nos hicieron creer que el “gran amor”,
sólo sucede una vez,
generalmente antes de los 30 años.

No nos contaron que el amor
no es accionado,
ni llega en un momento determinado.

Nos hicieron creer que cada uno de nosotros
es la mitad de una naranja,
y que la vida sólo tiene sentido
cuando encontramos la otra mitad.
No nos contaron que ya nacemos enteros,

que nadie en nuestra vida merece
cargar en las espaldas
la responsabilidad de completar
lo que nos falta.
Las personas crecen
a través de la gente.
Si estamos en buena compañía
es más agradable.

Nos hicieron creer en una fórmula
llamada “dos en uno”:
dos personas pensando igual, actuando igual…
que era eso lo que funcionaba!

No nos contaron que eso tiene un nombre:
anulación.

Que sólo siendo individuos
con personalidad propia
podremos tener una relación saludable.

Nos hicieron creer que el casamiento es obligatorio
y que los deseos fuera de término,
deben ser reprimidos.

Nos hicieron creer que los lindos y flacos
son más amados.

Nos hicieron creer que sólo hay una fórmula
para ser feliz, la misma para todos,
y los que escapan de ella
están condenados a la marginalidad.

No nos contaron que estas fórmulas
son equivocadas,
frustran a las personas, son alienantes,
y que podemos intentar otras alternativas.

Ah, tampoco nos dijeron que nadie
nos iba a decir todo esto:
cada uno lo va a tener que descubrir solito.

Y entonces,
cuando estés “enamorado de ti mismo”
podrás ser feliz
y te enamorarás de Alguien.

Vivimos en un mundo
donde nos escondemos para hacer el amor
aunque la violencia se practica a plena luz del día.”

John Lennon

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viernes, junio 12, 2009

Definiciones basicas para vivir I


Ya ella se mecia y se mecia y la otra "niña" al lado preguntaba

Y porque las mujeres no se pueden enamorar varias varias varias veces?

Porque serian putas.

y que son putas?

Putas son mujeres Indecentes

y que es es la indecencia?
cometer actos impuros

y que son esos actos impuros?

Los que a Dios no le gustan?

y cual Dios es ese?

Me tienes harta....

Vete a hacer lo que debes

y que carajo " Debo"?


Deber es hacer sin hablar, sin preguntar, solo hacer lo que tenemos que hacer por años y años como yo...

Mecerte?

jueves, junio 11, 2009

Kabbalah


Ayer en el espacio breve de almuerzo de oficina me fui a mi espacio preferido para comprar libros,...
Como siempre excelentemente bien atendida, las vendedoras me llaman por mi nombre, saben mis gustos, me atienden con esmero, con sonrisas y atenciones...compre o no compre la atencion es igual...en fin...no es el tema del post...

Hace ya mucho un libro, que por cierto del cual hable en un post hace mucho..., me enamoro y dije...seria capaz de comprar ese libro solo por esa pagina!!!!, pero ese dia no tenia dinero...pasaron los meses y incluso creo que un año?...o mas...y el libro seguia alli....iba a otra libreria y volvia a mirarlo sin buscarlo...

Siempre que iba a la libreria...estaba alli...y me miraba el librito...yo lo tomaba, abria una pagina...y lo colocaba en su estante....

Ayer...dije...SI, lo llevo!! cuanto tiempo paso para eso..., el pobre no sabia ya de que manera coquetearme por otra parte....jamas en mi vida habia entendido, ni me habia interesado en lo mas minimo saber que es Kabbalah, me sonaba a misterio y a una revista que mi tio que era mazon (QEPD) compraba....mi libro es de " Kabbalah"....

Esto me hace recordar otro sueño, hace ya como año y medio, una noche, sueño que solo veo una frase en letras doradas resplandecientes que decia " Splendor".....

mmmmm, splendor, splendor! que sera eso que mi inconciente quiere decirme...o mis guias..que se yo...le di vueltas y no entendi...al dia siguiente tengo otro sueño, soñe que estaba Madonna, la cantante si!!. leyendo un libro a Rocco, ella estaba como en un piso muy alto y el desde abajo la miraba y esuchaba, parecia leerle un cuento infantil...

Que sueño mas raro dije...

Entonces me pongo a buscar en Internet, si es que acaso existe un cuento infantil llamado splendor...enlanzando esos dos sueños...sin duda me parecia divertido atar esos cabos sueltos..

No encontre nada....nada parecia tener logica , deje de buscar...unos dias despues buscando no se que cosa en una web X, de repente veo...." El libro del esplendor" o llamado Zhoar, libro Kabalistico....mmmmmmmm Interesante....minutos despues sentada en el sofa se me viene repentinamente la imagen de Madonna en el sueño y dije!!!!! EUREKA!!!!!!!!!!!!!!!!

Me erize, Madonna estudia Kabbalah....el libro era el Zohar " El libro del esplendor"....todas las piezas encajaron y me rei a carcajadas!! uyyyyy como se juegan con jeroglificos, y que divertido encontrar de esa manera las respuestas!!

Bien,....por ahora..no leere el Zohar, que por cierto entiendo que me lo mandaron a leer en sueños...algo traera para mi..conocer el arbol de la vida y todo eso que aun es desconocido para mi...por lo compronto tengo en mis manos un libro de Kabbala, cuyo pensamiento en sus primeras paginas ya me atrapo...


" En la busqueda de la sabiduria el primer paso es el silencio, el segundo, escuchar, el tercero recordar, el cuarto practicar y el quinto, enseñar"

Kabbalista Salomon Gabirol (1o45)

Gregaria y onirica




Anoche soñé de nuevo algo especial….realmente es raro y considero un regalo, estar soñando tantos días seguidos sueños que para mi son VIP, pues se me dan una vez cada año…o 6 meses..incluso años…pero debo reconocer que esos lapsos son cada vez menos espaciados…

Soñé que estaba en un lugar lleno de personas, unas 30 o 40, de todas las edades y sexos, en una especie de ritual o fiesta tribal, todos vestían ropa hindú, o ropa muy hippy, accesorios en madera , piedras en bruto, realmente muy artesanal todo, me llamaba la atención esa alegría, me sentía feliz de estar con ellos, estábamos en una especie de baile ritual difícil de explicar con palabras. Movimientos muy sincronizados al ritmo de una canción muy alegre y de ese estilo, casi era regge, había instantes en la coreografía en el cual nos dábamos vuelta y con quien quedáramos frente a frente debíamos tocarlo con nuestras manos y “ sanarlo” pues era claramente un ritual de sanación comunitario, la intuición nos debía decir donde colocar las manos…era todo tan fluido y natural no había tiempo de “ pensar” solo sabíamos que hacer, era como instintivo….cuando me toco a mi dar vueltas me tocaron dos niñas gemelas…ellas y yo intuitivamente pegamos palma con palma de las manos, nos estábamos “ sanando” mutuamente, equilibrando todo aquello que internamente podía estar en desequilibrio…el colocar las manos duraba solo unos segundos, quizá 20 o 30 segundos, luego bailábamos dábamos vuelta y tocábamos a otros….todo era alegría, todo era emoción, y sonrisas, pero a la vez reinaba respeto y solemnidad por lo que se hacia…recuerdo que entre nosotros había una hilera como de tierra, y flores, era el espacio donde nos debíamos detener y “ sanar”, habían varias hileras de estas….

Luego nos sentamos todos en el suelo, alegres!!! Sonrientes y plenos, había un ambiente de integración total y amistad real era especie de una comunidad, tuve un sentimiento de pertenencia al grupo, una actitud gregaria….

En otra parte de ese mismo sueño un señor me dijo, “ Hay muchas maneras de meditar, yo por ejemplo imagino tener cinco elefantes sagrados sobre mi cabeza y tener equilibrio y cuidarlos y así medito” pude ver como sobre su cabeza estaban cinco elefantes pequeños uno encima del otro en forma de torre ,eran como una transparencia. Es decir….apenas el me describió su manera…como especie de imagen holográfica aparecieron y entendí lo que me explicaba.

Alucinante!! Me desperté con frescura, con una sonrisa…definitivamente algún mensaje implicito había…tengo un sensor emocional de sueños “especiales” cuyas sensaciones y significados, como códigos, son únicos….

Como dice Jodo en una entrevista “ Tu Sueñas?” “ entonces eres surrealista!” wow es que podríamos sin esfuerzo alguno hacer películas totalmente surrealistas con nuestros sueños o cuadros como los de Dali.

Que divertido imaginar en una pantalla de cine…un hombre con cinco elefantes sagrados sobre su cabeza “ meditando” vestido de Hindu…

Que vainas tan divinas, nos guardan nuestras experiencias oníricas…..

lunes, junio 08, 2009

Me urge el camino hacia ti






Me urge el camino hacia a ti y un par de sabanas blancas inundan el territorio seco de mi cama

Caen cascadas de telas ondeantes y se derraman sobre la ventana...escabrosas luces , tremendamente pálidas tímidamente dejan entreverse para llamarse a si mismas " estrellas" ...concierto de sonidos inciertos adornan la calentura y el sopor de las noches vacías y mudas, solo acompañadas con el aletear del ventilador...de pronto, me despierta el aroma de un recuerdo,...me saboreo y puedo sentir algo que no logro dibujar con palabras....el beso húmedo y divertido de aquella tarde cercana...me juega dentro en el alma..formando remolinos de sueños, de emociones niñas y esperanzas....

La noche parece apagarse y luego encenderse, y la piel se me hace agua, como cascadas frescas , como sonidos difusos...estas ahí....coloco mi mano y la extiendo....puedo sentir lo que eres y lo que fuiste...pues una ráfaga de tiempo inexistente pero palpable, me dice al oído...
" existes"....al otro lado del puente....al otro lado del rio....

tu aliento flota en el aire y me envuelve en un vestido etéreo....que me eleva...10 centimetros de mi cama,....estas...nunca te fuiste..tampoco llegaste y sin embargo me acechas, por las noches sigiloso posees las flores que me habitan en el alma....

Me urge el camino hacia ti....y un par de sabanas blancas inundan el territorio seco de mi cama

El Banquete de Sapos






Aquel fue un año de locos, un año en que las cosas que debían haber ocurrido a su debido tiempo, salieron de cualquier manera. Fue un año en que la nieve cayó copiosa y duradera en pleno abril, y los periódicos sensacionalistas publicaron fotos de chicas vestidas con pantalones cortos tomando baños de sol en Central Park en pleno enero. Fue un año en que, pese a la gran prosperidad reinante en la nación más rica, no podías andar cinco manzanas sin que los mendigos te pidieran limosna; en que no era infrecuente ver mujeres llamativas, de paso vacilante, vestidas con trajes caros, exhibirse en lugares públicos; en que los mostradores de las farmacias rebosaban de pastillas para tranquilizarte y de pastillas para animarte. Fue un año en que muchas esposas, colocadas en los altares, apenas unos centímetros por debajo de los santos, árbitros de la etiqueta, veneradas anfitrionas, arquitectas de menús memorables, de golpe y porrazo, preparaban la bolsa de viaje y el joyero y huían a México en compañía de jóvenes ambiguos dedicados al arte; en que los maridos que habían regresado a casa todas las noches no sólo a la misma hora, sino en el mismo minuto de la misma hora, regresaban a casa una noche más, decían unas cuantas palabras y luego salían por la puerta que no volverían a cruzar jamás.

Si Guy Allen hubiese dejado a su mujer en otra época, ella habría conseguido mantener el perdurable interés de sus amistades. Pero en aquel año de locura fueron tantos los pecios matrimoniales varados en la playa de Norman’s Woe, que las amigas ya estaban demasiado familiarizadas con las historias de naufragios. Al principio acudieron a su lado y, duchas en esas lides, hicieron lo posible por curarle la herida. Chasqueaban la lengua en señal de pena y sacudían la cabeza para manifestar su asombro; diagnosticaban que el de Guy Allen era un caso de demencia; hacían virulentas generalizaciones sobre los hombres, considerados como tribu; le aseguraban a Maida Allen que ninguna mujer habría sido capaz de hacer más por un hombre ni haber significado más; le estrechaban la mano y le prometían: «Volverá. ¡Ya verás cómo vuelve!»
Pero el tiempo siguió su curso, como la señora Allen, a quien nunca nadie había visto antes aferrarse así a un tema: repetía una y otra vez la historia del agravio que le habían causado, y ella, claro, pobrecita, una santa inocente. Las amigas ya no tenían fuerzas para intercalar en su letanía arrullos de condolencia, debilitadas de tanto escuchar su historia, la suya, y otras como la suya; la cruel verdad es que las sagas de las mujeres abandonadas adolecen de una lamentable falta de variedad. Y así, llegó un día en que, tras depositar con violencia la taza de té en la mesa, una de estas damas se puso en pie de un salto y gritó:
—¡Por el amor del cielo, Maida, habla de otra cosa!
La señora Allen no volvió a ver a esa dama. También comenzó a ver cada vez menos a sus otras amigas, aunque eso fue cosa de las amigas, no de ella. No se enorgullecían de semejante abandono; las inquietaba la idea acechante de que la más despiadada de las pelmas pudiera seguir realmente angustiada.

Trataron —cada una de ellas una sola vez—, de invitarla a pequeñas cenas agradables, para que se distrajera. La señora Allen acudía llevando consigo su obsesión, y la colocaba, por así decirlo, en medio del mantel, cual macabro centro de mesa. Las amigas aportaron varios huéspedes masculinos, ninguno de ellos conocido de la señora Allen. De buen humor por encontrarse ante una mujer nueva y atractiva, realizaban pequeñas incursiones amorosas. Ella respondía haciéndolos partícipes de su tragedia y, mientras daban cuenta de la ensalada y esperaban la mousse de moca, les recitaba su lista de talentos comprobados como esposa, compañera y amante, y les hacía notar, con una cínica carcajada, para qué le habían servido. Cuando los huéspedes se marchaban, la anfitriona aceptaba abatida el ultimátum de su marido en relación con quién no debían volver a invitar jamás.
No obstante, siguieron invitándola a sus cócteles multitudinarios, obligación social por excelencia para beber como esponjas, pensando que la señora Allen, con su voz suave, sería incapaz de hacerse oír en medio del gran bullicio que impera en estas fiestas y, de ese modo, acallados sus problemas, tal vez, por un momento, quedaran olvidados. Cuando la señora Allen llegaba, se acercaba en línea recta a aquellas amistades que la habían conocido con su marido, y les preguntaba si habían visto a Guy. Si le contestaban que sí, les preguntaba cómo estaba. Si le contestaban: «Pues... estupendamente», les ofrecía una sonrisa indulgente y se alejaba. Sus amigas la dejaron por imposible.


A la señora Allen le sentó mal ese comportamiento. Las tachó a todas de criaturas que sólo funcionaban cuando las cosas venían bien dadas y dio gracias por haberlas desenmascarado a tiempo; a tiempo de qué, nunca lo dijo. Pero no había nadie que se lo preguntara, porque hablaba consigo misma. Había adoptado esta costumbre mientras se paseaba hasta bien entrada la noche por los cuartos silenciosos de su apartamento, y pronto la llevó consigo a la calle, a su paseo diario. Fue un año en que muchos transitaban las aceras murmurando soliloquios y, a menos que hablaran en voz alta o hicieran gestos, los demás peatones no se volvían a mirarlos.
Pasó un mes, luego dos, luego casi cuatro, y ella seguía sin tener noticias directas de Guy Allen. Uno o dos días después de que él se marchara, la había telefoneado al apartamento y, tras interesarse por la salud de la criada que atendió la llamada (siempre fue el ideal de los sirvientes), le había pedido que le enviasen la correspondencia a su club, donde iba a alojarse. Más tarde, ese mismo día, Guy Allen mandó al mozo del club a que recogiera su ropa, la metiera en una maleta y se la llevara. Estos incidentes ocurrieron en ausencia de la señora Allen; a ella no la mencionó en ningún momento, ni a la criada ni por medio del mozo, y por eso se llevó un disgusto. De todos modos, se dijo, como mínimo sabía dónde estaba su marido. No se le ocurrió ir más allá y pensar que como máximo sabía dónde estaba su marido.
El primer día de cada mes, recibía un cheque por la misma cantidad de siempre, para sus gastos y los de la casa. El alquiler debía de llegarle directamente al propietario del edificio de apartamentos, porque a ella nunca se lo reclamaron. Los cheques no los mandaba Guy Allen; venían con una nota adjunta de su banquero, un distinguido caballero de cabello cano, cuyas comunicaciones daban la sensación de estar escritas con pluma. Aparte de los cheques, nada indicaba que Guy y Maida Allen fueran marido y mujer.
A la señora Allen, el presente se le volvió intolerable, y veía el futuro sólo como su espantosa prolongación. Se refugió en el pasado. No se dejó guiar por la memoria; fue ella quien la condujo y puso rumbo hacia los recónditos y soleados caminos de su matrimonio. Once años de matrimonio, años de felicidad, de felicidad perfecta. Claro que a veces Guy había tenido los pequeños malos humores típicos de los hombres, pero ella siempre había conseguido que se le pasaran con una sonrisa, y esos episodios sin importancia sólo servían para unirlos más dulcemente; las peleas entre enamorados preparan el camino hacia el lecho. En abril, lágrimas mil derramó la señora Allen por los tiempos pasados; y nadie se le acercó nunca para explicarle que, si había tenido once años de felicidad perfecta, era el único ser humano al que le había ocurrido algo semejante.
Sin embargo, la memoria es una compañera muda. El silencio golpeaba atronador en los oídos de la señora Allen. Ella quería escuchar voces tiernas, especialmente la suya. Quería encontrar comprensión, esa cosa que tantos se pasan la vida buscando, con lo fácil que tiene que ser encontrarla, porque ¿qué es sino alabanzas y compasión mutuas? Sus amigas la habían defraudado, por eso debía buscarse otras. Resulta sorprendentemente difícil reunir un nuevo círculo. A la señora Allen le costó tiempo y esfuerzo localizar a las señoras cuyo trato había frecuentado en otros tiempos, y que durante años había conseguido no recordar siquiera, y localizar a las agradables compañeras de viaje que había conocido a bordo de barcos y aviones. No obstante, obtuvo algunas respuestas, seguidas de sesiones íntimas en su apartamento, por las tardes.
Fueron poco satisfactorias. Las señoras no le ofrecieron comprensión sino recomendaciones. Le decían que se animara, que recobrara la compostura, que estuviera alerta; una de ellas llegó incluso a darle una palmada en el hombro. Las sesiones llegaron a adquirir gran parte del carácter que tienen las disputas de vestuario en el descanso de un partido de fútbol, y cuando al final, la instaron a que mandara a Guy Allen al infierno, la señora Allen las suspendió.
Pese a todo, algo bueno sacó de ellas, porque por intermedio de una de sus ignorantes consejeras la señora Allen conoció a la doctora Langham.
Aunque la doctora Marjorie Langham se ganaba la vida trabajando, no había perdido ni una pizca de su femineidad, sin duda, porque nunca había tenido que pisar los pasillos manchados de sangre de la facultad de medicina ni quemarse las bonitas pestañas estudiando para conseguir el doctorado. De un solo salto, lleno de gracia, había caído sobre los delgados pies convertida en curandera de mentes atribuladas. Aquel fue un año en que los divanes de tales curanderos no llegaban a enfriarse entre paciente y paciente. La doctora Langham gozaba de un éxito tremendo.
Tenía infinidad de anécdotas sobre sus pacientes. Y una manera muy suya de contarlas que hacía que las historias clínicas no sólo fueran para morirse de risa, sino que te daban a ti, su interlocutor, la estupenda sensación de que, después de todo, no estabas tan chiflado. En su faceta más profunda, era una mujer que lo comprendía todo al vuelo y demostraba una firme simpatía por las desgracias de las representantes sensibles de su sexo. Estaba hecha para la señora Allen.
En su primera visita a la doctora Langham, la señora Allen no fue directamente al diván. En la consulta llena de chintz y alegría, ella y la doctora se sentaron frente a frente, de mujer a mujer; de esa manera, a la señora Allen le resultó más fácil desahogarse a gusto. Durante el relato del indignante comportamiento de Guy Allen, la doctora asintió repetidas veces; cuando se enteró, a petición suya, de la edad de Guy Allen, esbozó una sonrisita divertida.
—¡Pero claro! Lo que imaginaba —dijo—. ¡Vaya, vaya con la crisis de los cuarenta y tantos! ¡Edad difícil y peligrosa! Eso es todo lo que le pasa... está pasando por el cambio.
La señora Allen se dio unos golpecitos en las sienes con los puños por ser tan tonta y no haberlo pensado antes. Se había hartado de llorar y gemir porque se le había olvidado por completo que también los hombres vienen al mundo llevando a cuestas la deuda del pecado original; a Guy Allen, como a cualquier hijo de vecino, le había llegado la hora de pagarla; ahí estaba el quid de la cuestión. (En los últimos dos casos de matrimonios rotos de los que la señora Allen se había enterado ese año, uno de los maridos salientes tenía veintinueve y el otro, sesenta y dos, pero no le vinieron a la memoria.) La explicación de la doctora tranquilizó de tal modo a la señora Allen que se levantó y fue a tumbarse en el diván.
—Así me gusta... relájese —le sugirió la doctora Langham—. ¡Ah, esas pobres mujeres, esas pobres idiotas! Se destrozan el corazón, se flagelan con sus porqués, porqués, porqués, se dejan la piel para encontrar un motivo estrambótico que justifique el hecho de que sus maridos las dejen plantadas, cuando no se trata más que de un caso tradicional y pasajero de nervios exacerbados y un cambio rutinario de metabolismo.
La doctora le prestó a la señora Allen algunos libros para que se los llevara a casa y los leyera antes de la siguiente visita; algunas de las autoras, le dijo, eran muy amigas suyas, mujeres reconocidas como autoridades en la materia. Los libros parecían salidos de la misma pluma y estaban escritos en un estilo fluido, coloquial, asequible para el lector profano. Se notaba cierta uniformidad en sus contenidos; todos exponían una colección de casos de hombres casados que, en un arranque de enfurecida rebelión contra la madurez, habían abandonado el lecho conyugal y el techo familiar. Las rebeliones, como tales, resultaban conmovedoras. Masas de hombres con ojos desorbitados iban por la vida sin rumbo ni objetivo, sus noches eran frías y amargas, sus hogares, una fuente de enfermiza añoranza. Uno tras otro, los revolucionarios volvían con la cabeza gacha, las manos suplicantes, volvían al lado de sus sabias y amables esposas.
Aquellas obras impresionaron a la señora Allen. Encontró más de un pasaje que, de haber sido suyos los libros, habría subrayado profusamente.
Tuvo la sensación de que tenía todo el derecho del mundo a incluirse entre las esposas que esperaban en casa, tan amables, tan sabias. Podía decir, sin falsa modestia, que muchos le habían dicho que era demasiado amable para su propio bien, y que era capaz de reconocer un acto de verdadera sabiduría. En los primeros y aciagos días de su sufrimiento, se había jurado que no daría un solo paso para acercarse a Guy Allen. ¡Que se le pudriera la mano derecha y se le separara del brazo, si la utilizaba para marcar su número de teléfono! Nadie habría sido capaz de contar los kilómetros que había recorrido por las alfombras de su casa, pugnando por mantener el juramento. Y lo mantuvo, pero la vista de su mano derecha intacta, de su piel fresca y clara, no le servía de consuelo, sencillamente le recordaba el uso al cual podía haberla destinado. Y acto seguido, pensando siempre con renovado dolor en otra mano posada sobre otro disco, se recordaba que Guy Allen jamás la había llamado.
La doctora Langham le puso muy buena nota por mantenerse alejada del teléfono, y restó importancia a su pena ante el silencio de Guy Allen.
—Por supuesto que no la ha llamado —le dijo—. Tal como yo esperaba, claro... es el mejor indicio que tenemos de que él también sufre lo suyo. Teme hablar con usted. Está avergonzado de sí mismo. Sabe lo que le ha hecho; no sabe por qué, como nosotras, pero sabe que lo que hizo es terrible. Piensa mucho en usted. Lo demuestra el hecho de que no se atreva a llamarla.
Uno de los grandes factores que contribuía al éxito de la doctora Langham era su habilidad para conseguir que a quienes estaban a punto de ahogarse, una pajita mojada les pareciera un tronco sólido.
La cura de Maida Allen no se produjo de un día para el otro. Tuvieron que pasar varias semanas antes de que se sintiera entera. Según ella, todo el mérito era de su doctora. Por el mero hecho de haber arrojado la fría luz de la ciencia sobre el motivo del aparente abandono de Guy Allen, la doctora Langham había conseguido devolverle la ecuanimidad. Ya no era la criatura desolada y solitaria, rechazada como una flor marchita, un guante raído, una liga dada de sí. Era una mujer valiente y humana que, con la paciencia que era la joya de su corona, esperaba que su pobre hombre confundido superase su pequeña indisposición y volviese a su lado, para que ella le alegrara la convalescencia contribuyendo así a su pronta recuperación. Día tras día, en el diván de la doctora Langham, mientras hablaba y escuchaba, iba recuperando fuerzas. Dormía de un tirón, toda la noche, y cuando salía a la calle con la espalda recta, el rostro tranquilo y lleno de vida, entre toda la gente de hombros cargados y bocas amargas que poblaba las aceras, parecía la visitante llegada de un planeta mejor.
Y ocurrió el milagro. Su marido la llamó por teléfono. Le pidió si esa noche podía pasar por el apartamento a recoger una maleta que le hacía falta. Ella le sugirió que se quedara a cenar. Él le dijo que le sería imposible porque debía cenar temprano con un cliente, pero que pasaría a eso de las nueve. En caso de que no estuviera en casa, que por favor le dejara la maleta a Jessie, la criada. Ella le dijo que era la primera noche, en no se sabía cuánto tiempo, que no salía. Estupendo, dijo él, entonces la vería más tarde; y colgó.
La señora Allen llegó temprano a la cita con su doctora. Le dio la noticia a la doctora Langham con una especie de gorjeo alegre. La doctora asintió, y su sonrisa divertida se fue haciendo más grande hasta dejar al descubierto casi todos los dientes excepcionalmente bonitos.
—Pues ahí tiene usted —le comentó—. Ha dado señales de vida. ¿Y quién le dijo que iba a ser así? Ahora escúcheme bien. Es importante, tal vez la parte más importante de todo su tratamiento. Esta noche no vaya usted a perder la cabeza. Recuerde que este hombre ha hecho sufrir lo indecible a una de las criaturas más sensibles que he conocido en mi vida. No se ponga blanda con él. No se muestre entusiasta, como si le estuviera haciendo un favor al volver a su lado. No sea demasiado indulgente con él.
—¡Nooo, qué vaaa! —exclamó la señora Allen—. ¡Guy Allen va a tragar sapos!
—Así me gusta —dijo la doctora Langham—. No le haga escenas, ya sabe; pero tampoco le dé a entender que todo está perdonado. Muéstrese dulce y fría. Ni por un momento deje que adivine que lo ha echado de menos. Simplemente deje que se dé cuenta de lo que se ha estado perdiendo. Y por el amor de Dios, ni se le ocurra pedirle que se quede a pasar toda la noche.
—Ni por todo el oro del mundo —dijo la señora Allen—. Si eso es lo que quiere, tendrá que pedírmelo. ¡Sí! ¡Y de rodillas!
El apartamento estaba precioso; la señora Allen se ocupó de que así fuera y de que ella no le fuera a la zaga. Al volver a casa, después de haber estado en la consulta de la doctora, compró montones de flores y las dispuso con exquisito gusto —siempre se le habían dado bien los arreglos florales— por toda la sala.
Él llamó al timbre a las nueve y tres minutos. La señora Allen le había dado la noche libre a la criada. Ella misma se encargó de abrir la puerta.
—¡Hola! —lo saludó.
—¿Qué tal? ¿Cómo estás?
—Pues, perfectamente —dijo ella—. Pasa. Creo que ya conoces el camino, ¿no?
La siguió hasta la sala. Tenía el sombrero en la mano y llevaba el abrigo doblado sobre el brazo.
—Cuántas flores —dijo él—. Qué bonitas.
—Sí, ¿no son preciosas? Todo el mundo es muy amable conmigo. Dame tus cosas, que te las guardo.
—Dispongo apenas de un momento —dijo él—. He quedado con alguien en el club.
—Vaya, qué lástima.
Siguió una pausa. Y él dijo:
—Tienes buen aspecto, Maida.
—Ay, no sé por qué —dijo ella—. Estoy que no me tengo en pie. Últimamente no paro ni de día ni de noche.
—Te sienta bien.
—¿No has notado nada nuevo en la sala? —le preguntó ella.
—Pues... no sé... ya me he fijado en las flores. ¿Hay algo más?
—Las cortinas, las cortinas —contestó ella—. Son nuevas, de la semana pasada.
—Ah, sí. Son bonitas. De color rojo pálido.
—Rosa —dijo ella—. La sala está bonita con estas cortinas, ¿no te parece?
—Sí, estupenda.
—¿Qué tal tu habitación en el club? —le preguntó.
—Está bien. Tengo todo lo que quiero.
—¿Todo, todo? —preguntó ella.
—Sí, claro.
—¿Qué tal la comida? —quiso saber ella.
—Ahora bastante buena. Mucho mejor que antes. Han puesto un nuevo chef.
—¡Qué divertido! ¿O sea que te gusta? Vivir en el club, digo.
—Sí, claro —contestó él—. Estoy muy cómodo.
—¿Por qué no te sientas y me cuentas qué es lo que no te gustaba de aquí? ¿La comida? ¿El espejo que usabas para afeitarte? ¿Qué?
—Vaya, todo estaba bien —respondió él—. Verás, Maida, tengo que irme corriendo. ¿Tienes por aquí mi maleta?
—Está en el dormitorio, en tu armario, donde siempre ha estado —dijo ella—. Siéntate... ya te la traigo yo.
—No, no te molestes, ya voy yo.
Se fue para el dormitorio. La señora Allen empezó a ir tras él, pero entonces se acordó de la doctora Langham y se quedó donde estaba. Sin duda, a la doctora le parecería algo indulgente de su parte el que entrara con él en el dormitorio cuando no hacía ni dos minutos que había vuelto.
Él regresó con la maleta.
—Seguro que puedes sentarte y tomar una copa, anda —insistió ella.
—Ojalá pudiera, pero tengo que irme, de veras.
—Pensé que podríamos intercambiar unas cuantas palabras de cortesía —dijo ella—. La última vez que oí tu voz, lo que me dijiste no fue muy agradable.
—Lo lamento.
—Estabas justo ahí, al lado de la puerta... muy guapo, por cierto —dijo ella—. En la vida te había visto tan incómodo. Si alguna vez ibas a estarlo, aquél fue el momento más oportuno. Cuando me dijiste lo que me dijiste. ¿Te acuerdas?
—¿Y tú? —preguntó él a su vez.
—Vaya si me acuerdo. "Ya no quiero seguir así, Maida. Se acabó." ¿De veras te parece bonito decirme algo así? A mí me pareció bastante repentino, después de once años.
—No. No fue repentino —dijo él—. Me pasé seis de esos once años diciéndotelo.
—Pues no me enteré.
—Claro que te enteraste, querida. Lo interpretaste como una falsa alarma, pero vaya si te enteraste.
—¿Cómo es posible que te hayas pasado seis años planificando esta salida tan drástica?
—Planificando, no —aclaró él—. Pensando, nada más. No tenía planes. Ni siquiera cuando te dije esas palabras de despedida, indudablemente poco acertadas.
—¿Y ahora los tienes? —preguntó ella.
—Por la mañana me marcho a San Francisco —respondió él.
—Qué amable eres al confiar en mí. ¿Cuánto tiempo estarás fuera?
—La verdad es que no lo sé. Hemos abierto allí una sucursal, ¿sabes? Las cosas se han complicado un poco y tengo que ir a poner orden. No sé decirte cuánto tiempo llevará.
—Te gusta San Francisco, ¿no?
—Sí —dijo él—. Como ciudad no está mal.
—Claro y encima está bien lejos —dijo ella—. No podías irte más lejos y seguir estando en América, la hermosa, ¿no?
—En eso tienes razón —admitió él—. Oye, que me marcho ya, tengo mucha prisa. Llego tarde.
—¿Es que no me puedes contar así por encima lo que has estado haciendo?
—He estado trabajando todo el día y gran parte de las noches —contestó él.
—¿Y te interesa?
—Sí, me gusta, la verdad.
—Me alegro por ti —dijo ella—. No es que quiera hacerte llegar tarde a tu cita. Pero me gustaría tener aunque sea una leve idea de por qué hiciste lo que hiciste. ¿Tan infeliz eras?
—En realidad sí, muy infeliz. No había necesidad de que me obligaras a decirlo. Lo sabías.
—¿Por qué eras infeliz? —insistió ella.
—Porque dos personas no pueden pasarse la vida haciendo las mismas cosas año tras año, cuando sólo a una de las dos le gusta hacerlas y, pese a eso, seguir siendo feliz —contestó él.
—¿Y tú te crees que yo puedo ser feliz así como estoy?
—Pues sí —respondió él—. Creo que lo conseguirás. Ojalá hubiera una manera más agradable de hacerlo, pero creo que después de un tiempo, no muy largo, por cierto, estarás mejor que nunca.
—¿Conque eso es lo que crees? Ah, ya sé lo que pasa, te cuesta creer que soy una persona sensible.
—No será porque no me lo hayas dicho... once años te pasaste diciéndomelo. Oye, esto no tiene sentido. Adiós, Maida. Cuídate.
—Lo haré. Te lo prometo.
Él cruzó la puerta, fue pasillo abajo y llamó el ascensor. Ella se quedó mirándolo desde el umbral, con la puerta abierta.
—¿Sabes qué, querido mío? —le dijo—. ¿Sabes qué es lo que a ti te pasa? Has llegado a la edad madura. Por eso tienes estas ideas.
El ascensor se detuvo en la planta y el ascensorista abrió la puerta.
Guy Allen se dio media vuelta antes de entrar en la cabina.
—Hace seis años todavía no había llegado a la edad madura —le dijo—. Y entonces ya las tenía. Adiós, Maida. Buena suerte.
—Buen viaje —le deseó ella—. Mándame una postal del Presidio.
La señora Allen cerró la puerta y regresó a la sala. Se quedó muy quieta en el centro de la habitación. No se sentía como había imaginado.
En fin. Se había comportado con perfecta frialdad y dulzura. Debía de ser que Guy todavía no estaba del todo recuperado de su leve dolencia. Pero se recuperaría; vaya si lo haría. Vaya si lo haría. Cuando estuviera allá lejos, dando tumbos por las colinas de San Francisco, recobraría el buen juicio. Intentó fantasear un rato; él volvería a su lado, el cabello se le pondría gris de la noche a la mañana —la noche en que se diera cuenta del tormento de su locura— y el cabello gris no lo favorecería nada. Se forjó una breve imagen de él, canoso, harapiento, en las últimas, mordisqueando unas ancas de sapo frías, que ella vio sin despellejar, verdes, viscosas, repugnantes.
No. Las fantasías no servían de nada.
Fue al teléfono y llamó a la doctora Langham.


The New Yorker, 14 de diciembre de 1957

domingo, junio 07, 2009

El mundo paralelo


Siguiendo con el tema de la surrealidad...esta mañana me desperte como siempre entre cantos de pajaros que estan en los arbolitos al lado de mi habitacion....

mmm domingo...puedo seguir durmiendo....cierro los ojos de nuevo...y me pongo encima una blusa para tapar la claridad de la mañana...7 :00 am quizas... muy relajada queriendo seguir durmiendo,...de pronto y en breves instantes en medio de la negritud caracteristica de cuando uno cierra los ojos y ademas se los tapa...., ojos que van pasando,...como flotando y me miran..., ojos rasgados, como de Nefertiti....o el ojo de orus....pasaban como en esos efectos de cine..de transparencias...y pense..que bien!...me gusta...luego empiezo a oir esa serie de sonidos electronicos...como de juego de nintendo....y rayos laser...que ya en varias ocasiones...entre la vigilia y el sueño he oido y ya no les temo...recuerdo oirlos siempre que he tenido la experiencia de que mi yo...se sale del cuerpo y busca elevarse...( eso si me asusta) en fin...eran esos mismos sonidos, algo desordenados, que son similares a cuando tratamos de sintonizar una estacion de radio...y oyes cosas pero no entiendes nada...esa es la sensacion.

Entonces....mi mente lucida pensaba..."me encanta esto...seguro es el tema de las frecuencias"...que converse con mi maestro Reiki, que bien si me entendia y yo a el porque ambos somos colegas Ingenieros y eso se ve en la Universidad....Ultrasonido, infrarojo,ultravioleta,etc....Frecuencias, Hrz....etc....total me parecia alucinante oir eso...y sentia mas curiosidad...y estaba en actitud espectante...sabia que estaba en mi habitacion, ojos cerrados, y con algo sobre la cara...no estaba perdida en un sueño.....pero si estaba experimentando una sensacion de mucho relax. pero absolutamente conciente en tiempo y espacio...

De repente si entro en una especie de sueño a full color, aparece una escalera yo subiendo a ella, una escalera metalica pero de caracol, totalmente nitida la pude ver, es mas, me detenia a mirar en detalle la escalera porque sabia que NO era un sueño y que yo estaba disfrutando de esa experiencia lucida, asi que me detenia con curiosidad y pensaba " a donde me llevara esta escalera?", pero seguia detallando lento el color, la textura, absolutamente real....yo levitaba, yo flotaba...era incorporea, cosa que no me parecio extraño...era todo tan natural pero me daba tanta emocion...y me sentia como una reina que podia hacer o deshacer esa realidad paralela....totalmente lucida de que no era un sueño comun y que yo estaba en control total de a donde dirigirme, me sentia una exploradora de otro mundo...y ya con la antesala de los sonidos...mi mente pensaba,..estoy del otro lado del velo..si!!! me trajeron, entre...pero aqui estoy, seguia sibiendo por ella...llegue a un piso con habitaciones de lado y lado, un amplio pasillo...en el pasillo no habia nadie..en las habitaciones si podia yo oir personas....a mi lado izdo un ser "Femenino" como del otro sueño....como acompañandome...no se...solo la percibia...

de repente veo en una habitacion dos camas , una mujer con un moño muy delgada, y elegante...como una azafata..se dio vuelta y me miro rarisimo " con cara de que haces tu aqui", con una cara de verdad como de rareza por mi presencia...entonces pude ver que se veian unas piernas de alguien con una bata verde...si...era un hospital....habia entendido...habia ingresado en un hospital.......ella posiblemente era enfermera, llevaba uniforme, pero era camisa blanca y una falda marron...y llevaba algo sobre la cabeza....pense...esto es una vida pasada, el hospital, no era un hospital como los de ahora...atiborrado de gente...o en total caos suciedad y desorden...era pulcro...el piso brillaba, piso de granito, todo en orden...no habia sillas de espera en el pasillo, era un lugar claro y fresco....su estructura era muy tradicional...., la verdad sencillamente por ser un hospital, no quise en absoluto recorrerme los pasillos o entrar a las habitaciones..no queria encontrarme escenas sangrientas, o la morgue, no sabia que me iba a encontrar en un hospital y decidi abandonar de inmediato el " sueño" ese mundo paralelo al que pude ingresar casi a voluntad...en actitud exploradora....lo que si estoy segura es que pertenece a una vida, a un espacio...que dificilmente se describe...como dice Kryon, en 3D es tan dificil explicar que el tiempo no existe...y que hasta seria errado decir " vida pasada" ´pues el pasado igual esta ocurriendo en otros espacios alternos como el que tuve placer de ingresar esta mañana...

Divina experiencia....

Esperare otra visita....




sábado, junio 06, 2009

mmmm sueños, mundo paralelo


Anoche tuve un sueño mistico....

Habia un tunel lleno de agua...el agua me llegaba mas arriba de la cintura...era un tunel muy largo por donde yo debia pasar sola,...no se porque, ni con que finalidad...solo se que debia,....el agua era de un azul tremendamente oscuro....un azul noche calmado y denso....sentia inseguridad de atravesarlo...era como una especie de pasillo largo...y al final se veia una luna llena....parecian dos paredes muy juntas....y al final....una linea.....y en medio esa blanca y mistica luna llena me esperaba...

Varias veces quise retroceder...cuando retrocedia y llegaba afuera...se hacia de dia...y cuando atravesaba de nuevo el tunel,...en el " afuera" se hacia de noche..., una noche insondablemente oscura como el agua....habia afuera un viejo calvo, encorbado, un viejo sabio, con ropas color como sepia...largas manos, era una especiae de maestro, que me decia cosas interesantes que no recuerdo en absoluto...solo se que me hablaba de cosas que debia aprender....consejos....sabiduria...., no se si tenia que ver con atravesar ese infinito pasillo lleno de agua, tambien se que habia alguien mas..., un ser " femenino" mas no recuerdo su apariencia...solo se que estaba...y no recuerdo que me hablase....

de repente vi un Jesus...ensangrentado. del tamaño de una muñeco, flotando en el agua...este cristo tenia ropas, parecia un cristo que habia sido apedreado, no crucificado, me extraño ver que era un muñeco. asi como el Ken de la Barbie...en forma de Jesus...y flotando de esa manera..., solo lo mire...no entendi....

Me hubiese gustado recordar que tanto me decia ese viejo sabio...era de estatura muy pequeña...parecia un gnomo....y me dijo tantas cosas que segun el, me ayudarian, no recuerdo que me haya dicho...con "palabras" que me ayudarian...solo lo percibi....sensaciones surrealistas que solo pueden entenderse atravesando el umbral de los sueños....

entonces esta tarde..leyendo " La Danza de la realidad" de Jodorowsky, llego a leer una parte que el dedica ampliamente a hablar sobre sus experiencias oniricas....y recorde de inmediato...cuando hace como un año...tuve uno de los sueños mas raros que hoy dia esta en mi Top Ten....

un Apartamento como en 3D de computador..en el que yo caminaba y sabia que era un sueño..., me encantaba saberlo y hacer cosas en el...y una voz en Off me decia

" Esta es tu casa?" le dije : NO
" Son tus muebles?" Le dije NO

" ves? es TU SUEÑO, manejalo, haz lo que quieras" entonces empeze como magia a recrear cosas...creaba habitaciones...creaba floreros....y cambiaba de color el piso..., lo hice como un piso de ajedres..., tome el florero entre mis manos...y pódia sentirlo absolutamente...todo era extremadamente real...totalmente sensitivo...no podia yo creer que era un sueño comandado por mi.....!! fue una experiencia increible.

Hoy mi amigo Carlos me cuenta que soño conmigo.....entonces quise saber que soño....

y concluyo.....el mudo maravilloso de los sueños..hoy me llama..de mil formas.....

Ansio dormir esta noche y saber que nuevo mundo atravesare...

Por cierto ayer en la tarde haciendome Reiki, en un estado de extraña meditacion...sueño...y vigilia. vi flotar en un espacio negro...una angila gigante, a la cual se le vian las costillas....no supe...que significa..., enseguida abri los ojos...y segui con el siguiente chakra....

Majestuoso mundo de los sueños...donde morfeo abraza y seduce sin moral, etica ni estructura....

Irreal.....una cortina de flores bizarras que nos deja entrever lo que hay al otro lado del velo...




viernes, junio 05, 2009

Vivir Despeinada.......!!!


VIVIR DESPEINADA

Hoy he aprendido que hay que dejar que la vida te despeine,
por eso he decidido disfrutar la vida con mayor intensidad…
El mundo está loco. Definitivamente loco…
Lo rico, engorda.  Lo lindo sale caro.
El sol que ilumina tu rostro arruga.
Y lo realmente bueno de esta vida, despeina…
- Hacer  el amor, despeina.
- Reírte a carcajadas, despeina.
- Viajar,  volar, correr,  meterte  en el mar, despeina.
- Quitarte la ropa, despeina.
- Besar a la persona que amas, despeina.
- Jugar, despeina.
- Cantar hasta que te quedes sin aire, despeina.
- Bailar  hasta que  dudes  si fue buena idea ponerte tacones altos esa
noche, te deja el pelo irreconocible…

Así que siempre que nos veamos
yo voy a estar con el cabello despeinado…

Sin embargo, no tengas duda de que
estaré pasando por el momento más feliz de mi vida.
Es ley  de vida: siempre va a estar más despeinada la mujer
que elija ir en el primer carrito de la montaña rusa,
que la que elija no subirse..

Puede ser que me sienta tentada a ser una mujer impecable,
peinada y planchadita  por  dentro  y por fuera.
El aviso clasificado de este mundo exige buena presencia:
Péinate, ponte, sácate, cómprate, corre, adelgaza,
come  sano, camina derechita, ponte seria…

Y quizá debería seguir las instrucciones pero
¿cuando me van a dar la orden de ser feliz?
Acaso no se dan cuenta que para lucir linda,
me debo de sentir linda…
¡La persona más linda que puedo ser!

Lo único que realmente importa es que al mirarme al espejo,
vea a la mujer que debo ser.
Por eso mi recomendación a todas las mujeres:

Entrégate, Come rico, Besa, Abraza,
Baila, Enamórate, Relájate, Viaja, Salta,
Acuéstate tarde, Levántate temprano, Corre,
Vuela, Canta, Ponte linda, Ponte cómoda,
Admira el paisaje, Disfruta,

y sobre  todo, deja  que la vida te despeine!!!!

Lo peor que puede pasarte es  que, sonriendo frente al espejo, te tengas
que volver a peinar